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ORFEBRERÍA: La platería mapuche se basa en sus creencias religiosas. Cada una de las piezas posee un significado especial, un valor mágico que trasciende a lo ornamental: en algunos casos es usado por la machi para alejar a los malos espíritus, y en otros, como el “cintillo de plata”, permite el vínculo con los dioses. El material utilizado es la plata con técnicas de fundición y laminación por percusión fría o caliente. También se usaron monedas chilenas, que eran laminadas a golpes. Retrafe o platero se llama al hombre que realiza tradicionalmente este oficio. El nombre de las piezas que conforman el ajuar es: trarilonko (cintillo), lloven nitrote (tocado femenino), chaway (aros), traripel (ceñidor de cuello), tupo y katawe (alfiler para la ropa), kilkay (collar colgante), sükill y trapelakucha (colgante pectoral), prendedor (colgante pectoral de tres cadenas). Este tipo de artesanía incluye también accesorios ecuestres como la ispuela (espuela), istipu (estribo) o los herrajes (riendas, cabezadas y el freno) llamadas en mapudungün witran plata, kafishatu y ketrel piriña. Además de los adornos, la plata servía para la fabricación de mates, bombillas, tapas y cuchillos.
CESTERÍA: La humedad del clima sureño ha impedido la conservación física de la cestería mapuche, sin embargo, sus rastros pueden seguirse a través de los relatos dejados por los primeros cronistas españoles y posteriormente por viajeros. La cestería forma parte de la cultura tradicional que aún conservan las comunidades de la zona, cuyos habitantes aprovechan todas las materias primas que brindan la tierra y el mar para fabricar herramientas que alivian las tareas del campo. Los canastos y canastas -tejidos con fibras como el boqui, chupón, coirón y pita- son típicos de esta zona y constituyen elementos básicos para las actividades cotidianas. En los bosques y orillas de caminos, hombres y mujeres recolectan las fibras que manos creadoras transforman después en canastos para recolección, canastas trigueras, "pilhuas" (bolsas) y artículos de decoración. Este tipo de artesanía tiene carácter utilitario, principalmente. El cesto mapuche, llamado llepu o balai, se puede considerar dentro de los más representativos de esta actividad. Es un tejido muy firme y tupido de una fibra de gran rigidez, por lo que forma un contenedor de gran resistencia y capacidad. Sirve para guardar, trasladar y lavar alimentos tales como el trigo y el mote.
TEXTILERÍA: La textilería mapuche es de origen prehispánico y son las mujeres quienes se dedican principalmente a esta labor. Son ellas las que día a día van urdiendo en la memoria y bordando en sus tejidos la historia de un pueblo que se niega a desaparecer. Nacen de las manos femeninas imágenes tutelares, plantas, flores y animales, siendo este, otro modo de representar la unión de este pueblo con su medio ambiente. El proceso comienza con la esquila de las ovejas, tarea practicada por los hombres. La posterior selección de la lana, el hilado y el tejido, son labores de las mujeres. El hilado se realiza con un kulio (huso) y el tejido con un vitral o telar vertical para tejidos grandes. La textilería mapuche abarca diferentes tipos de creaciones como: mantas, alfombras, cobertores y bolsos.
CERÁMICA: En la tierra mapuche se modelan hasta hoy una variedad de objetos de factura simple y colores naturales, denominados metawes. Al alfarería Pitrén representa el grado de desarrollo que este arte alcanzó antes de la llegada del conquistador. La cerámica de origen mapuche poco a poco va desapareciendo por falta de uso. Por lo general las piezas son de color natural, se distinguen varios estilos, pero en general son jarros asimétricos con formas de ranas (jarros – rana) o patos (jarros – patos), algunas con ojos tipo “granos de café”, vasos como tazón y platos. Entre los objetos alfareros que representan a seres humanos, se destacan varias piezas que representan a una mujer embarazada, de pié y con sus manos abrazando o tocando su vientre, en clara alusión a la idea de fecundidad.
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